Consejos para escribir- Autor: Luciano Lamberti.

 

 

«No escribas. Ya hay demasiados escritores en el mundo. Más escritores que lectores»: así arranca el autor de La maestra rural su lista de recomendaciones para quienes se inician en el arte de poner una palabra después de la otra. «No escribas, pero si vas a escribir, escribí como loco».

 

Por Luciano Lamberti.

 

 

  1. No escribas. Ya hay demasiados escritores en el mundo. Más escritores que lectores. En una gran escena de El club de la pelea (la película) Tyler Durden, dispuesto a armar un ejército va rechazando a los que llegan, a uno le dice que está demasiado gordo, a otro que es un debilucho, y así. Los que se quedan son los que valen. Si realmente sos escritor vas a sobrevivir a las críticas negativas, a las negativas editoriales, a los primeros fracasos (ni hablar de los que siguen) y a este consejo sagrado: no escribas. Sos demasiado tonto, sos demasiado ególatra, te faltan huevos, te falta voluntad, no leíste lo suficiente, no podrías soportar la soledad y el trabajo, la relación costo–beneficio del trabajo del escritor siempre te va a dejar insatisfecho, nadie va a leerte, no sabés contar historias, lo tuyo es un bodrio, no naciste para esto, tus dudas se notan a la legua. No escribas. No lo hagas. No.

 

 

  1. No escribas, al principio. Comprate unos lentes negros. Son perfectos para mirar sin que te vean. Usalos para ir en colectivo o en subte mirando a la gente. Escribas lo que escribas (realismo, fantástico, ciencia ficción, incluso literatura experimental) siempre vas a necesitar conocer a la gente, porque de eso se trata la literatura y no de ninguna otra cosa. Tenés que saber cómo hablan, cómo se mueven, qué relación tienen con la ropa y con el pelo, cuáles son sus gestos y, sobre todo, qué ocultan. Todas las personas tienen un secreto y ese secreto SIEMPRE es interesante a la hora de escribir. Miralos, pero también escuchalos. No solo porque es la única forma de aprender a escribir diálogos verosímiles sino también porque la vida está llena de historias, y esas historias se cuentan a los amigos, familiares o conocidos en los viajes de subte o colectivo. Y, por último, porque en el lenguaje que utilizan para contar esas historias está vivo y fresco y es el lenguaje verdadero, el que tenés que usar para escribir tus libros, mucho más que el literario.

 

 

  1. No escribas, pero si vas a escribir, escribí como loco. La escritura es tu religión y tu vida. Escribí aunque tu mujer te espere en ropa interior en el otro cuarto. Escribí aunque tus hijos te tiren de la remera para pedirte que vayas jugar con ellos. Escribí aunque tus padres se estén muriendo. Escribí aunque la ciudad donde vivís esté siendo bombardeada. No hay excusas para no escribir; que trabajes mucho, que no tengas plata, que tu vida sea muy desordenada, no son excusas. Puedo citarte una decena de casos (los que conozco) de escritores realmente grandes que escribieron a pesar de todo. Algunos incluso escribieron sus libros en medio de una guerra. La primera versión de El guardián entre el centeno, de Salinger, fue escrita así. Así que no te quejes. Y no seas cagón. Esta no es una profesión para cagones. Escribí tanto como puedas sobre cualquier tema que te venga a la cabeza. Que los archivos de Word o tus hojitas sueltas llenen tu cuarto de soltero hasta que no haya espacio para ninguna otra cosa. Después, tirá toda esa mierda.

 

 

  1. No escribas, pero leé a todos esos escritores que te vuelan la cabeza, una y otra vez. Después leé a los enemigos de esos escritores. Leé bestsellers. Leé la Biblia y a Tolstoy. Leé manuales de entomología y crónicas de viajes a la Antártida. Leé libros de historia. Leé libros malos, ediciones baratas, pésimas traducciones españolas. Releé a todos esos escritores que te volaron la cabeza. Escuchá música y ponete a bailar, solo, en medio de tu cuarto.

 

 

  1. No escribas, pero si se acumulan tus primeros escritos, tiralos a la mierda. Cuqui decía que en su primera clase de taller literario llevaría a sus alumnos a comprar un tacho de basura. Muy importante el tacho de basura. Alguien dijo que el escritor se mide más por lo que tira que por lo que publica. Es una gran verdad. No te apures en publicar. Cortázar publicó Bestiario, su primer libro, cuando tenía 37 años, y escribía desde que era un niño. Caso contrario vas a estar ocultando libros de tu biografía durante el resto de tu vida de escritor. Ya hay demasiados libros malos en el mundo para agregar uno más. No publiques hasta no estar completamente seguro de la calidad de tu trabajo (Nunca vas a estar completamente seguro de la calidad de tu trabajo).

 

  1. No escribas, pero si el daño ya está hecho, has escrito un libro que al fin se corresponde a tu sensibilidad, a tu forma de ver el mundo, a tu corazón, salí a buscar editores. Los editores son personas de dudosa moral que tienen el “no” a flor de piel. En general, si es tu primer libro y no tenés la suerte de ser famoso antes de haber publicado, me iría olvidando de las editoriales grandes y apuntaría a las pequeñas. Allí los editores son como esos padres de octillizos que tienen un bebé en cada brazo, uno que les cuelga del cuello, otro que gatea sobre la mesa, uno que está a punto de morder el cable del velador, etc., por lo que tendrás que tenerle un poco de paciencia. Lo más probable es que ni siquiera te responda los mails. A lo mejor te conviene hacerte su amigo en Facebook, averiguar cuando tiene un “evento” (estos pequeños editores se desviven por los eventos) y abordarlo allí, muy sonriente, hablando al principio de cualquier cosa, de lo linda que es su editorial, por ejemplo, para después, cuando confíe en vos y esté entregado, zácate, le tirás que casualmente tenés el original de tu libro de cuentos en la mochila y que si querés (mirada amenazante) podés dejárselo (más amenazante).

 

 

 

  1. Una vez que tu libro esté publicado, el día que el editor te de los ejemplares de cortesía (siempre muy escasos y ligeramente fallados), vas a notar varias cosas. Pero sobre todo (porque esta no es la historia de tus emociones sino la historia de cómo convertís en escritor) vas a notar que el libro no parece tuyo, que después de tantas correcciones, idas y vueltas, cambios de última hora y sobre todo el cambio de formato, el libro parece de otra persona, alguien no muy bueno, de paso. El libro te va a dar vergüenza y arrepentimiento inmediato. Escribí otro entonces, para tapar esa vergüenza, que sea mucho mejor. Sos tu enemigo y tu debilidad.

 

 

  1. Saldrán algunas reseñas, no las leas. Compartilas en las redes sociales sin leerlas. Si son buenas, te van a convertir en un soberbio; si son malas, te van a tirar a la cama por una semana. O sí, mejor, leelas: si son buenas te van a señalar aspectos de lo que escribís que no conocías. Si son malas, te van a dejar en cama, es verdad, pero también te van a señalar lo que deberías mejorar en tu próximo libro. Siempre hay que mejorar. El secreto es que las reseñas tienen razón, todas, las buenas y las malas, las hechas a las apuradas y las profundas. Todas son la verdad. Tomá lo que necesites de ellas y sacátelas de encima a la hora de escribir. Escribí para los reseñistas que te destrozaron. Escribí para ellos y para sus familias hermosos y conmovedores libros del futuro. Pagales con amor.

 

 

  1. Bueno, eso es todo, ya sos un escritor. No necesitás nada más. A lo mejor, si algún viejo escritor te palmea la espalda, te sentís un poco mejor. Y eso es todo. Estuviste trabajando seriamente en tu libro, con más amor y énfasis con los que realizás tus otros trabajos, los que te permiten vivir, y ahora que te publicaron no ves un centavo, o ves tan poco que da risa. Pero es lo que querías, convertirte en escritor. Aguantátelas. Yo te lo dije: no escribas. No escribas nunca. Y no te hagas amigo de otros escritores. Son de lo peor. Tampoco le cuentes a nadie que escribís porque seguro va a tirarte la historia de su vida, que es un bodrio. Que seas muy feliz. Te mando un abrazo. Chau.

 

 

 

Fuente: https://medium.com/bloc-de-notas/ocho-consejos-acerca-de-escribir-31cf8ce49546

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